Zauriak(s) y la locura femenina

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Zauriak(s). Heridas. Así se llama el documental de Maier Irigoien, Isabel Sáez e Iker Oiz sobre la salud mental desde una perspectiva feminista. El proyecto reflexiona sobre la psicopatologización de las enfermedades mentales en las mujeres y la forma en la que entendemos la locura en nuestra sociedad. La historia se cuenta a través del testimonio de 9 mujeres de todas las edades, que relatan sus vivencias con el objetivo de desestigmatizar la visión del espectador sobre las enfermedades mentales. Y lo consigue.  Lo que queda al terminar el documental es un ejercicio de reflexión.

Lo interesante de este proyecto audiovisual, a mi parecer, es la perspectiva femenista del mismo, contada además en primera persona. La salud mental está aún hoy en día lejos de dejar de ser un tema tabú. Cada vez más personas se atreven a hablar abiertamente de sus enfermedades pero una gran parte de la sociedad sigue concibiendo ir al psicólogo como un síntoma de locura. Y si hablamos de locura, hablamos de mujeres. ¿Estoy loca?

La locura en la Edad Media

La locura ha sido un elemento clave en la historia de las mujeres desde la Edad Media. Porque si la medicina siempre ha sido por y para hombres, la locura siempre ha sido un tema femenino. 

Ya lo decía Barbijaputa en su programa sobre el androcentrismo médico: “El cuerpo que se ha usado como modelo ha sido el del hombre. Han dejado nuestra anatomía apartada y olvidada tanto en ensayos clínicos como en investigaciones medicas. Las enfermedades, sus sintomas y sus tratamientos se definen en base al primer sexo, que diría Simone de Beauvoir. Los resultados que se obtienen se extrapolan a los nuestros ignorando que, para sorpresa de nadie, tenemos diferencias biológicas.”

Lo que supone esta visión androcéntrica de la medicina es una psicologización de los síntomas de las mujeres, es decir, considerar que nos quejamos por todo, que somos unas exageradas y unas histéricas.

Histeria

¿A qué mujer no le han llamado histérica alguna vez? Un adjetivo totalmente vinculado al género, pues llamar histérico a un hombre sería bastante raro. La histeria, según como la define actualmente nuestra colega la RAE, es “una enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos.” Ya sabéis, más frecuente en la mujer que en el hombre porque era muy descarado decir que las únicas histéricas somos las mujeres.

Pero es que la histeria fue diagnosticada como una enfermedad hasta entrado el siglo XIX. Esta palabra proviene del griego y significa útero, por lo que hacía referencia a los problemas relacionados con este órgano. Las mujeres que eran diagnosticadas como histéricas recibían tratamientos o, mejor dicho, abusos, como masaje pélvicos, tocamientos genitales a manos del doctor hasta llegar al orgasmo (se entendía que la histeria era ser una malfollada) o lavados vaginales. La anatomía como nueva disciplina confirmó el desprecio de los médicos y filósofos a la mujer, que era vista como un ser de segunda.

Zauriak(s): La relación entre salud mental y género

Aristóteles, pero sobre todo Galeno, defendían una similitud a la inversa de los órganos femeninos y masculinos. Es decir, que nuestro aparato reproductor era una versión deforme del aparato reproductor masculino. Todos los estudios sobre la anatomía sexual y reproductiva femenina se basaban en la del varón, tanto es así que llamaban a los ovarios “testículos femeninos”. Estas absurdas afirmaciones ponen de manifiesto que la herencia que nos precede siempre ha relacionado directamente la salud mental y el género (y por ende el sexo). No es casualidad que la histeria, sinónimo de locura en la época y ahora, se intentase curar con una finalidad sexual. Y no es algo que hayamos dejado atrás, pues aún se sigue relacionando el humor o la estabilidad mental de una mujer con la ausencia de relaciones sexuales.

La realidad es que el género influye en el desarrollo psicológico de las mujeres. Está más que claro que hay diferencias entre la salud mental femenina y la masculina. No existen cerebros masculinos y femeninos, existen cerebros humanos que se modelan desde el nacimiento en función del género que se te asigna. A esto, hay que sumarle las problemáticas que el sistema patriarcal hace sufrir a las mujeres. Abusos y agresiones sexuales, maltrato y demás tipos de violencia, explotación reproductiva o simplemente el desigual peso entre la maternidad y la paternidad.

Zauriak(s)Feminismo para visibilizar

Como relatan las compañeras de Zauriak(s), el feminismo ha ayudado a sacar a la luz la doble discriminación que viven las mujeres con alguna enfermedad mental: la de ser mujer y la de “estar loca”. “Los hombres tienden a la violencia y las mujeres a la autolexión” explica una de las protagonistas. La autolexión es una consecuencia de la culpa, que muchas veces nos persigue, sobre todo en aquellos problemas de salud mental que son consecuencia de un hecho traumático, por ejemplo una agresión sexual. Que una persona que sufre una violación tenga daños psicológicos es lo más normal, y aún así tiene que soportar una carga doble sobre su espalda: la de la violación y la del pacto del silencio que produce la vergüenza.

Nos empeñamos en llamar locos a los violadores pero no lo son, son hijos sanos del patriarcado. Llamar loca a esa gente sólo refuerza el imaginario de que la locura y las enfermedades mentales son algo malo. No sólo debemos replantearnos nuestro concepto de locura, sino también el de cordura. La cordura no puede ser sinónimo de callar, denunciar los abusos es un derecho que nadie nos debe quitar. Si ya no nos creen cuando no tenemos ninguna enfermedad mental, ¿quién va a creer a una mujer con un diagnóstico? ¿Quién protege a las mujeres encerradas en centros psiquiátricos de posibles abusos?

Gracias a proyectos como “Zauriak(s)” podemos acercarnos más a una realidad que, aunque pensemos que no, es totalmente desconocida y está llena de imágenes equivocadas. Gracias a estas mujeres tan valientes por desnudarse delante de una cámara para que los demás podamos empezar a mirar de otra manera y asumir que la salud mental, como todo, es un problema colectivo y no individual.

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