No queremos ser “La perfecta casada”

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De “La perfecta casada” hasta “Juntos en Camino”, ¿quieres saber cómo ser una buena mujer? ¡No te pierdas estas maravillosas recomendaciones de señoros!

Fray Luis de León escribía “La perfecta casada” en 1548. Un manual dedicado a su prima, María Varela Osorio, antes de casarse, en el que expone cómo debe comportarse una esposa ejemplar. Parece mentira que un texto que tiene más de 500 años contenga párrafos que a día de hoy podrían encontrar un espacio en alguno de los cursos que presenta la Conferencia Episcopal. 

En “La perfecta casada” solo hace falta leer los primeros párrafos del libro para entender por dónde van los tiros. Ahí se explica lo que verdaderamente debe ser el matrimonio para una mujer y se aclara que en todo momento complacer al hombre es una obligación.

“(…) porque el servir al marido, y el gobernar la familia, y la crianza de los hijos (todo lo cual pertenece al estado y oficio de la mujer casada), obras son que cada una por si pide mucho cuidado, y que todas ellas juntas no se pueden cumplir sin favor particular del cielo.” La perfecta casada. De León, L. Fray. 1584.

Estas líneas están escritas en 1584, pero si actualizamos la forma de escribir y la endulzamos un poco, lo que dicen podría pertenecer a cualquier discurso pronunciado por algunas de las instituciones más rancias de este siglo XXI. El texto de “La perfecta casada” lo que promulga al final es el sometimiento de la mujer al hombre, normalizando y legitimando actitudes de posesión, violencia y opresión.

Este tipo de textos creó un arquetipo de mujer, para encasillarnos en un rol que incluso a día de hoy es difícil de romper. Para muestra, un botón. 

“(…) el varón los días que quiera tener relaciones sexuales deberá hacer un esfuerzo mayor y asumir ciertas tareas (por ejemplo, llevar a los hijos por la tarde al parque o pasear un par de horas para que la mujer pueda dormir la siesta) y la mujer deberá liberarse de ciertas cargas de trabajo y descansar para encontrarse ambos preparados para el encuentro sexual cuando llegue el momento”.                                         Conferencia Episcopal (CEE). 2020.

Sí, después de publicar esto decidieron borrarlo. ¿Pero acaso eso cambia las cosas? Ese es el pensamiento que tienen y que promulgan con este tipo de cursos y otras lindezas que dicen y hacen. La mujer sigue siendo la dueña de la casa y su rol sigue siendo complacer al hombre. El marido tiene que ayudar a la mujer con sus tareas solo para que ella no tenga excusa para no acostarse con él. En otra parte del curso se invita a los hombres a tratar con cuidado a las mujeres durante el sexo (un mínimo de decencia ya tienen) y a las mujeres a evitar la pereza a la hora de practicarlo: es decir, que si a una no le apetece, se siente. Es tu “deber”.

“A las mujeres nos ha sido encomendada la misión de “dar la vida”. Es de tal magnitud que tras esta tarea se esconden grandes responsabilidades. Quizás pueda resultar agobiante, pero este mismo hecho puede hacer que la mujer se convierta en el eje de la empresa más importante del ser humano, la familia”.                                                     La misión de la mujer en el matrimonio y la familia. 2014. Familias.com
“Mujer, si quieres edificar tu hogar, ¡enfócate! Tú no puedes estar por el mundo dando vueltas en círculo y sin ningún objetivo. Dios te hizo con propósitos dignos, y tú estás llamada a cumplirlos. Edificar un hogar sabiamente es uno de ellos, y también es uno de los roles que como mujer estás llamada a desempeñar. Solo este versículo te debe bastar para analizar tu vida y ver cómo estás. haciendo las cosas al interior de tu pacto.” El rol de la mujer en el matrimonio (2017). Salvemosalafamilia.com

Esta última afirmación no es muy diferente a estas palabras de “La perfecta casada”: “El orden o desorden de las familias privadas trasciende y se comunica a la felicidad y quietud pública. En estas familias privadas tienen las mujeres su particular empleo. Esta es la dirección y gobierno de la casa, el cuidado y crianza de los hijos, y sobre todo la íntima y perfecta sociedad con el marido”. 

¿Quién no ha escuchado alguna vez cosas como “qué suerte tienes porque tu marido te ayuda en casa”?

Podrían ponerse muchos más ejemplos de cómo el discurso de la mujer subordinada al hombre, dueña del hogar y esposa ejemplar ha seguido evolucionando a través de los años. Todos estos textos e ideas deben servirnos para identificar qué es lo que esconden esos mensajes verdaderamente y cómo han oprimido a las mujeres durante años moldeando la desigual sociedad que aún tenemos.

Que a 2020 la Conferencia Episcopal presente un Itinerario de Formación y Acompañamiento de novios cuyo objetivo es “presentar a los novios un camino de fe y acompañarlos en el discernimiento de la vocación matrimonial”, pero que luego contenga perlas como “alguien que esté acostumbrado a la masturbación no pueda descubrir la belleza de compartir la sexualidad con otra persona” o “es importante reconocer la importancia del sexo y poner ambos de su parte para favorecer estos encuentros, evitando la pereza en la mujer o el poco cuidado en el varón” no es casualidad.

Es una estrategia más para seguir perpetuando ese modelo de matrimonio completamente tóxico y opresor. Resulta curioso, cuanto menos, que haya sido una práctica tan habitual durante tanto tiempo esta necesidad que tiene la Iglesia de explicarnos cosas que ellos mismos jamás van a entender. 

Sin duda, es necesario recuperar libros y mensajes como “La perfecta casada” para hacer un análisis consciente de ellos que lleve a identificar los dogmas que a día de hoy siguen controlando a las mujeres.

No puede permitirse que después de más de 500 años haya quien pueda considerar adecuados estos mensajes y eso sólo se consigue a través de la recuperación de estos textos, de las voces de las mujeres en la historia y de la inclusión de la perspectiva de género en diferentes disciplinas. 

Y por último, a ver si os queda claro que NO queremos ser ni la perfecta casada, ni el ángel del hogar, ni la dueña de la casa y los hijos. Queremos ser quien nos dé la gana y como nos dé la gana. No es que nos extrañe que vengan señoros a darnos lecciones sobre cómo vivir nuestra vida, pero la verdad: no nos hacen falta. Por muy raro que os parezca, somos seres independientes capaces de decidir por nosotras mismas. 

 

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