Mujeres y cuidados: una explotación silenciosa

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Se acerca el 8 de Marzo y un año más las mujeres vamos a parar durante 24h para demostrar que sin nosotras se cae el mundo. Pero existen muchas mujeres que no pueden parar su vida ni siquiera un solo día: las que dedican todo su tiempo a cuidar de los demás y no reciben ni un euro a cambio. 

Hoy no vengo a hablar sobre las trabajadoras del hogar, sino de todas esas mujeres que ejercen 24/7 sin remuneración, las que salen de sus trabajos para llegar a casa y seguir trabajando. Esas mujeres no sólo sostienen su mundo y el de sus familias, sino que sostienen también la vida de todos y todas nosotras. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo los cuidados no remunerados representan entre un 10% y un 14% del PIB en España.

Si hablamos del trabajo de cuidados remunerado las cifras son borrosas. Cerca de 3,8 millones de personas tendrían un empleo remunerado en este sector (salud, trabajo social, educación, labores domésticas…) y cerca del 95,5% serían mujeres. Pero este trabajo remunerado sólo representaría un 70%, el otro 30% restante del trabajo doméstico en nuestro país formaría parte de la economía sumergida. Ese 30% de mujeres que no irá a la huelga no porque no quieran, sino porque no pueden. Y porque aman, aman mucho.

En España aproximadamente diez millones de personas necesitan de cuidados. Un problema que el Estado debería abordar, pero que no hace. La Ley de Dependencia es escasa, por no decir ridícula, si atendemos a los datos de todas las mujeres que no reciben ninguna ayuda para cuidar de sus familiares. “Ayuda”, como si hacerlo fuera su obligación. Sin ayudas muchísimas mujeres se ven obligadas a dejar sus empleos para cuidar a sus familiares. Según datos del Ministerio de Trabajo, el 90,5% de las excedencias tomadas en 2018 para atender a algún familiar fueron pedidas por una mujer. Y es que la OIT y la OCDE han empezado a considerar los ciudados como una ocupación más, por lo que sería lógico empezar a legislar este problema.

Mujeres y cuidados: legislación

¿Por qué no se hace? Porque prácticamente afecta sólo a las mujeres y, como ya sabíamos, no importamos lo suficiente. Las mujeres no sólo tenemos que soportar la carga de la maternidad y todo lo que esta perjudica a nuestra vida laboral; los cuidados también influyen a la hora de agrandar la brecha salarial. Porque, a diferencia de lo que muchos piensan, la brecha salarial no habla sólo de la diferencia de salario entre hombres y mujeres, eso es sólo la superficie. La brecha salarial nace en los patrones de género, en la presión que ejerce la sociedad para que seamos las madres perfectas, las hermanas perfectas, las hijas perfectas. Y eso, muchas veces, está reñido con nuestro propio crecimiento personal. 

¿Por qué solo mujeres?

Hace muchísimos años, las mujeres se cansaron de pedir derechos y ayudas para ser madres y se plantaron. Sin nosotras no hay hijos, y sin hijos no hay nada. Lo mismo pasa con los cuidados. ¿Qué pasaría si todas estas mujeres decidieran parar, darse un tiempo para defender sus derechos? Todo el sistema se vendría abajo, pues el propio sistema no ayuda a los dependientes. Pero los que mandan saben que esto no va a pasar, por eso siguen ignorando el problema. Porque como dijo Kate Miller, el opio de las mujeres siempre ha sido el amor, y de ese amor se aprovecha el patriarcado. 

Pero ¿por qué los cuidados son algo meramente femenino? ¿Por qué nosotras? Creo que es obvio que esta carga no nace con nosotras, sino que es algo que tiene que ver con el género. Los cuidados son territorio femenino y esto se nos enseña desde niñas. Desde que somos pequeñas cuidamos bebés de mentira, nos hacemos cargo de nuestros hermanos mayores o pequeños, ayudamos a nuestras madres o abuelas a limpiar o a poner la mesa para que los demás puedan comer, jugamos a ser enfermeras, limpiadoras…

Esto, sumado a los roles que ejercen las mujeres que nos rodean y a la cultura que consumimos hacen que dentro de nosotras se desarrolle el sentimiento de obligación de cuidar de los demás, un sentimiento que siempre termina en culpabilidad. La culpa nos acompaña siempre porque nos hacen sentir que la vida de todos depende de nosotras. Y así es que nuestra vida parece ser siempre secundaria. Por eso es necesario politizar los cuidados, porque nosotras no tenemos por qué cuidar al mundo para que funcione. Porque nosotras la única vida que tenemos que sostener es la nuestra.

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