Las niñas mandonas y el techo de cristal

Probablemente el conocido “techo de cristal” sea una de las metáforas más melodiosas y tristes de los últimos tiempos. Aunque el término nos pueda parecer relativamente novedoso, lo cierto es que ya cumple más de 42 años. Fue en 1978 cuando la estadounidense Marilyn Loden participó en una mesa redonda y se cansó de escuchar decir a los ponentes que lo que impedía avanzar a las mujeres en el trabajo era la imagen que proyectaban de sí mismas.

Cuando llegó su turno no tuvo más que pronunciar estas tres palabras para explicar que, queridos, vaya sorpresa: la culpa no es nuestra. “Si me hubieras preguntado hace 40 años si pensaba que hoy estaríamos teniendo esta conversación, hubiera dicho absolutamente que no. Pero lo estamos”, expresaba Loden hace unos meses en una entrevista con la Fundación Thomson Reuters.

Y así es: siguen siendo muy pocas las mujeres en los puestos de poder de las empresas. Esto se debe a que, como bien sabemos, existen múltiples barreras invisibles que impiden que las mujeres puedan progresar en su trabajo hacia un puesto de mayor responsabilidad. 

Si algo tienen los datos es que son descarnados y hablan por sí mismos. A este respecto, según el último estudio realizado por PWC, tan solo el 9% de los altos ejecutivos de España son mujeres. Sorprende pensar que seamos menos válidas que ellos a la hora de tener que sostener cualquier tipo de empresa o proyecto.

¿Entonces qué ocurre? Según el último estudio de la consultora Grant Thornton, «Women In Business 2019: hacia un avance real» tan solo 9 de cada 10 empresas nacionales cuenta con una mujer en su equipo directivo. Esto supone un 33% de mujeres directivas en España. Sin embargo, en nuestro país, y según datos del Ministerio de Educación, el 54,3% de las universitarias son mujeres.

Este mismo estudio de Grant Thornton pone de relieve cuáles son los principales factores que impiden el avance de la mujer en la empresa. Así, la maternidad (para el 49% de los encuestados) sigue siendo la principal barrera de igualdad, sumado a la falta de conciliación (47%) y a una cultura dominada por los hombres en la empresa (45%).

Techo de cristal: niños líderes y niñas mandonas

Llegados a este punto me gustaría remontarme a los principios de todo ser humano, a lo que somos cuando aun no nos han dicho como ser. ¿Qué es lo que pasa cuándo juegan los niños? Pues que cuando un pequeño se impone se le llama “líder”, y cuando lo hace una pequeña se le llama “mandona” y, además, suele venir acompañado de cierto tonito jocoso. Esta realidad es el principio de una tendencia que continua durante la adolescencia y que termina repercutiendo en la mujer adulta.

Quizás estas pequeñas necesiten un impulso de otras no tan pequeñas que les puedan inspirar y servir como referentes para construir su propia historia. Quiero decir, sería maravilloso que, a quienes así lo sintieran, a la pregunta de “y tú, ¿qué quieres ser de mayor?” respondieran: “yo, jefa”. Y así mismo es como surge el proyecto, ‘Yo, Jefa’, iniciativa de Trescom que aspira a combatir todos los condicionantes visibles e invisibles que aún existen en nuestra sociedad y que impiden a las mujeres llegar a puestos de responsabilidad en sus respectivos ámbitos laborales.

¿Y cómo lo hace? Pues con la puesta en marcha de acciones como su ‘Shadowing Yo, Jefa’. Se trata de un programa destinado a chicas jóvenes de 18 a 25 años que buscan emprender y dar formato su propia idea. A través de este programa (cuyo plazo de inscripción acaba el 14 de febrero), conocen a algunas de las directivas emprendedoras más relevantes de España para que, como mentoras, les ayuden a desarrollar sus propias ideas y puedan hacerse hueco allá donde deseen.

¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? ¿Cómo es posible que esto aún no exista? ¿Nadie se da cuenta de que sería mejor hacerlo de otra manera? Que todas estas preguntas dejen de serlo para empezar a ser parte de lo material, de la realidad carnal que construye el mundo. Niñas y mujeres juntas desafiando al techo de cristal al que se tienen que enfrentar. Y, una vez más: sororidad.