La educación femenina durante el franquismo

Siguiendo los ideales de mujer fiel y sumisa, cientos de españolas fueron obligadas desde el inicio de la posguerra hasta la muerte de Franco a prestar servicios en la Sección Femenina

Fundada por Pilar Primo de Rivera, hermana del creador de la Falange Española, la Sección Femenina se constituyó en 1934 como una rama dirigida por mujeres y dedicada al adoctrinamiento femenino. Durante la Segunda República sus funciones se limitaban al apoyo de la militancia masculina del partido. Pero su labor cobró mayor relevancia durante la Guerra Civil de la mano de los sublevados.

Hacia 1939 la Sección Femenina había establecido vínculos cercanos con la Italia fascista y la Alemania nazi gracias al contacto con otras organizaciones similares (Liga de Muchachas Alemanas). Sin embargo, su poder dentro de la sociedad aumentó la llegada de la dictadura franquista; todas las mujeres solteras y viudas sin hijos de entre 17 y 35 años tenían la obligación de ser reclutadas y prestar servicios dentro este organismo durante seis meses.

Considerado como su deber nacional, miles de mujeres proporcionaron durante 40 años, mano de obra gratuita en comedores, hospitales, guarderías y asilos de auxilio social. El objetivo de la Sección Femenina se concretaba en moldear tanto física como psicológicamente a las futuras generaciones. Inculcándoles así, la importancia de su papel reproductor en un contexto social marcado por una guerra.

La guía de la buena esposa

Este tipo de educación se extendió por todo el territorio español. Adoctrinó el futuro de las jóvenes españolas con valores de la Iglesia Católica. Por su parte, Pilar Primo de Rivera consideraba importante en esta enseñanza, escribió también la guía de la buena esposa. Una guía que cuenta con 11 reglas que toda buena mujer debe respetar para mantener a su marido feliz.

Con la llegada de la Transición y mediante un Real Decreto Ley, la Sección Femenina desapareció en 1977. A pesar de que fuera una herramienta del franquismo, fue la única forma de que muchas chicas jóvenes adquirieran algo más de educación. Una dictadura que muestra, una vez más, el papel tan limitado que tenían las jóvenes españolas.

No obstante, esto debe invitarnos a la reflexión. Debemos valorar el avance que hemos alcanzado en términos educativos con la llegada de la democracia y ser conscientes de la falta de derechos educativos que hubo durante la dictadura franquista.

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