Feminismo liberal: la gran paradoja

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Ana de Miguel, filósofa y una de las teóricas feministas más importantes de nuestro país, dice que el feminismo liberal “se caracteriza por definir la situación de las mujeres como una de desigualdad- y no de opresión y explotación- y por postular la reforma del sistema hasta lograr la igualdad entre los sexos”

Esta vertiente del movimiento feminista surgió en Estados Unidos en la década de los sesenta, aunque fue el feminismo radical, caracterizado por oponerse al liberalismo, quien ocupó el verdadero protagonismo en las décadas de los sesenta y setenta con un activismo fortísimo e admirable. Su doctrina era clara: ninguna mujer está por encima de otra.

El hecho de que el feminismo liberal defina la situación de las mujeres como una situación de desigualdad y no de opresión y explotación es clave para entender las diferencias tanto teóricas como prácticas entre el feminismo liberal y el radical. Este enfrentamiento dentro del feminismo se hace cada vez más visible en España.

El feminismo en España: hora de debatir

El pasado 8 de Marzo hubo enfrentamientos entre compañeras abolicionistas y liberales en la manifestación de Madrid. Esto, aunque sea tremendamente triste, tiene una parte positiva y es que pone de manifiesto el gran avance del feminismo en España, pues sólo llegando a un nivel alto de conocimiento se puede debatir sobre las bases en las que se debe anclar el feminismo. Es necesario abrir un debate, pero mentiría si dijera que creo que ambas partes tienen su parte de razón, pues creo que son las feministas liberales las que se equivocan.

Soy feminista radical y por lo tanto abolicionista, y voy a exponer los argumentos por los que afirmo que el único feminismo que sirve, que necesitamos y, en definitiva que existe, es el radical. 

Feminismo para todas, no para unas pocas

El feminismo liberal se ha puesto de moda, esto es un hecho. Ciudadanos no iba a dejar pasar esta moda y el año pasado sostuvo que el partido era feminista liberal.  Poco más que decir, ¿verdad? Para empezar yo me replantearía el hecho de compartir doctrina política con Albert Rivera pero siendo totalmente justa es necesario decir que no tengo muy claro que este señor haya leído algo sobre feminismo, liberal o no, en toda su vida.

Es necesario decir también que el feminismo liberal que nació en los sesenta no es el de ahora, pues en la actualidad este se identifica más con el llamado neoliberalismo, como sostiene Ana Bernal-Triviño en su libro “No manipuléis el feminismo”.

El feminismo neoliberal niega la opresión y la desigualdad estructural en nombre de una falsa libertad de elección. En el terreno económico el neoliberalismo se traduce en la “libertad” que tienen unas pocas personas con recursos suficientes para explotar a las que no los tienen y asegurar que estos últimos, si son pobres, es porque lo eligieron.  

El epicentro del problema: el concepto de “libertad”

Este, además de ser una trampa, es la razón por la cual feminismo y liberalismo son incompatibles: que el Estado no intervenga en las acciones de los ricos hagan lo que hagan, incluso cuando se trata de explotar a las mujeres.

Pero es que, por ejemplo, la prostitución es uno de los negocios más rentables que existen: en concreto en España se estima que produce entre 12.000 y en 15.000 millones de euros al año. En el caso de los vientres de alquiler, creo que no hace falta que nombre el pedazo de negocio que se ha formado en torno a tratar a las mujeres como un recipiente de bebés. Sólo hace falta poner en google “gestación subrogada” y vereís lo que ofertan este tipo de empresas privadas.

Estos dos casos anteriores son dos ejemplos de que cuando digo que es absolutamente necesario que el Estado intervenga en ciertos asuntos no significa que los regule. Regular estas dos actividades sólo supondría fomentarlas. El Estado debe intervenir para hacerlas desaparecer. 

Los conceptos de libertad vs. igualdad

Leí en un artículo hace poco tiempo que la libertad se constituye como un principio irrenunciable, un principio que sólo puede ser restringido en favor de la propia libertad. Es decir, que la ausencia de imposiciones en una sociedad se traduce en la libertad de unas pocas personas (o de unas muchas) pero, al fin y al cabo, en una libertad que no abarca a toda la comunidad.

La igualdad es el escalón más alto de la libertad, pues sólo en un mundo donde existe la equidad puede existir la libertad. ¿Por qué? Porque la libertad individual es un espejismo cuando vives en sociedad, pues el bien común está por encima de cualquier persona.

¿Cómo se traduce esto en el feminismo? Simple: yo no existo, existimos nosotras. No existe lo que yo quiero, existe lo que nosotras queremos. No existen mis intereses, existen los intereses de todas. Cierto es que ningún movimiento político triunfa sin disidencias dentro de él, sería imposible contentar al conjunto, pero lo que sí se puede y se debe hacer es actuar en favor de la mayoría.

Aquí es donde nace el debate sin fin. Las feministas liberales dirán que yo no estoy buscando el bien común, pues no estoy escuchando a todas las mujeres; no estoy escuchando a las prostitutas que eligen serlo (si es que esas existen), no estoy escuchando a las mujeres que deciden “libremente” alquilar su cuerpo. Pero la verdad es que sí las escucho, las escucho a ellas y a las mujeres que hacen lo mismo pero en la sombra. Y en ningún caso las culpo, ni a las primeras ni a las segundas, pues los únicos culpables son quienes consumen los cuerpos de las mujeres y los que les ponen un precio.

La única certeza que tenemos son los datos

Los datos* nos revelan que el 90% de las prostitutas en España (3º país en el mundo en consumo de prostitución) provienen de la trata. Eso significa que sólo un 10% “eligiría” serlo. Pero el consentimiento no es voluntad, no es libertad de elección. Todas estamos de acuerdo en que una mujer maltratada no elige serlo, en que una víctima de violación tampoco elige serlo incluso cuando no ejerce resistencia física, ¿por qué no podemos trasladar el mismo argumento a la prostitución o a los vientres de alquiler? ¿Estamos seguras de que lo eligen?

Creo que cualquier mujer puede imaginarse lo duro que tiene que ser que te violen a cambio de dinero innumerables veces al día. Creo que es obvio que ninguna mujer eligiría este trabajo pudiendo elegir otro. Por eso no se trata de elegir, se trata de aprovecharse de personas en situaciones de vulnerabilidad, se trata de aprovecharse de la pobreza.

Las prostitutas, al igual que las mujeres que prestan su vientre, son pobres, y las que no lo son representan un número tan ínfimo que no se pueden considerar como argumento estrella para defender que las mujeres sufran los abusos del sistema patriarcal. Aunque existiera una sola mujer que de verdad quisiera ser prostituta, por la razón que fuese, no dejarían de existir millones que no lo eligen y el hecho de que exista una que sí y que encima quiera representarlas a todas es la raíz del problema.

Como ya he dicho, no importa lo que quiera una, dos, o unas pocas, importa lo que nos hace bien a todas y mientras exista la prostitución o la gestación subrogada existirá el patriarcado. 

La importancia de la reflexión

En el caso de la prostitución es importante destacar el hecho de que los propios proxenetas están detrás del feminismo liberal y que son los primeros interesados en regular el negocio. ¿Qué clase de feminista comparte interés con una persona que se lucra explotando mujeres, incluso asesinándolas? Es importante reflexionar sobre esto.

Me niego a creer que tantas mujeres tengan constancia de los aplastantes datos y los ignoren, creo que simplemente los desconocen, que desconocen ciertos argumentos sobre los que hablan porque no puede ser posible defender la prostitución sabiendo que el 90% de las mujeres que la ejercen son víctimas de trata.

Por otro lado considero que es muy fácil conocer lo básico, creer que querer ciertos derechos básicos para las mujeres es más que suficiente, analizar sólo el machismo que te afecta a ti, quedarte en la superficie…Pero eso nos hace daño a todas, nunca se soluciona nada quedándose en la superficie del problema. 

En esta lucha que estamos viviendo dentro del feminismo, donde las feministas liberales sacan sus trapos sucios acusándonos a las abolicionistas de ser tránsfobas o puritanas, parece que queda muy guay ser la apoderada de la libertad, pero si es sólo la tuya no se llama libertad se llama egoísmo.

Este  feminismo liberal, o “moderno” como lo llaman algunas, no es más que las ricas pagando a las pobres para que estas se callen su opresión; es la lucha del individualismo por hacerse hueco en el movimiento más colectivo que existe, el feminismo.

No sé cuando defender los derechos humanos se convirtió en ser una puritana, pero si serlo es esto voy a seguir siéndolo toda la vida. Porque los abusos y la opresión no se regulan, se hacen desaparecer.

*Fuente: Gemma Lienas, 2006, “Quiero ser puta”

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