El nosotras por encima del yo

Me gustaría en primer lugar aclarar por qué soy abolicionista. Digo aclarar porque parece que en estos días autodenominarse abolicionista es como ser el mismo diablo. Admito que me duele bastante tener que dar explicaciones de lo que pienso o dejo de pensar dentro de un movimiento que siempre he sentido como refugio y hogar.

En mi idea de feminismo caben todas las mujeres (y cuando digo todas es todas, no solo las mujeres normativas y blancas. Todas incluye a las trans, las racializadas, las obreras…). Soy abolicionista porque creo que el nosotras está por encima del yo y porque considero que ninguna forma de explotación sexual tiene justificación alguna.

El feminismo necesita enfrentarse a un debate cuanto antes. De la manera más empática posible y con el cariño, la comprensión y la sororidad que le han caracterizado siempre. Siendo consciente de que nuestra lucha se está polarizando tanto porque está compuesta por personas muy diversas, creo que es el momento de escuchar y construir juntas. No quiero volver a presenciar escenas como las del pasado 8M ni una sola vez más.

Dicho esto y tras mucha reflexión, me gustaría aportar mis argumentos a este debate. Desde Patriahorcado, nuestro podcast feminista, ya creamos un argumentario abolicionista con la ayuda de la escritora y directora de cine Mabel Lozano. En él hablábamos de cómo enfrentarse a algunos de los tópicos más dañinos en torno a la prostitución. Hoy lo dejamos por escrito aquí.

Primer paso: los datos

España es el primer país europeo en cuanto a consumo de prostitución y el tercero del mundo. Se calcula que en torno al 39% de los hombres españoles ha pagado por sexo alguna vez. Estos datos no me los he inventado yo, llegan desde Naciones Unidas. Solo con este escenario ya podemos ver a qué panorama nos enfrentamos. Pero si encima añadimos que en torno al 80% de las mujeres en situación de prostitución son procedentes de trata, sobra decir que la idea de la libertad de elección y la de un trabajo “digno como cualquier otro” se diluyen bastante.

Prostitución = Capitalismo + Patriarcado

Es imposible hablar de prostitución sin hablar de trata y es imposible hablar de trata sin hablar de pobreza. El capitalismo encuentra en la prostitución su mejor alianza con el patriarcado. Nos encontramos así con innumerables opresiones que se cruzan en este fenómeno: género, raza/etnia, clase social… No podemos permitir que las ideas neoliberales de la libertad de elección nos hagan perder el foco y nos impidan ver lo que hay realmente detrás de la prostitución.

Abolir la prostitución no es condenar a las mujeres que la ejercen, es señalar al putero y al proxeneta. El abolicionismo es la única salida segura para todas las mujeres prostituidas y la única justa por ser la que condena al verdugo y no a la víctima.

La fantasía de la libertad de elección

No podemos perder el foco y permitir que estas ideas calen entre nosotras porque éste   es, a mi juicio, uno de los grandes mitos más peligrosos sobre la prostitución. El problema de regularla o no, no reside a mi parecer en aquellas mujeres que quieren ejercer estas prácticas, sino en aquellas otras -la mayoría- que son forzadas a prostituirse y se enfrentan a enorme violencia constante.

Siempre he tenido muy presente la idea de que “mi libertad acaba donde empieza la tuya”. Creo que este es un gran ejemplo donde aplicarla. Una libertad individual dudosamente se puede regular sin que acabe afectando al colectivo.

Si la prostitución fuera una actividad legal y regulada, esto supondría que cualquier mujer pudiera acceder a realizar dicha actividad en total libertad. Pero una mujer que no tiene con qué alimentar a su familia y ve en prostituirse la única opción de sacarla adelante, ¿es realmente libre? Hablamos de las mujeres que acceden a la prostitución voluntariamente, seleccionan a sus clientes y toman sus propias decisiones como ejemplo, pero ¿qué mujeres son esas? ¿Acaso son las mujeres extorsionadas para vender su cuerpo porque no les queda otra? 

Legalizar para mejorar las condiciones

Hay que legalizar la prostitución para mejorar las condiciones de las prostitutas“.

Entonces legalicemos también el trabajo infantil, legalicemos la mutilación genital… todas estas cosas que vulneran los derechos humanos. No, no es preciso legalizar algo que nunca debió existir. Además, si regulamos estas prácticas, ¿dónde estaría el límite entre lo que es trabajo y lo que es violencia?

Igualmente, está comprobado que legalizar la prostitución no mejora las condiciones de vida y de “trabajo” de las mujeres prostituidas. Los casos de Alemania u Holanda son un buen ejemplo de ello. Escuchando al proxeneta protagonista del documental de Mabel Lozano (El Proxeneta. Paso corto, mala leche) hay una cosa que dice bien clara: quien tenga el discurso de querer legalizar la prostitución está de nuestro lado. 

Un discurso que le gusta al patriarcado y que es comprado por proxenetas y puteros dudosamente puede estar del lado del feminismo. Una practica que no beneficia a todas las mujeres, sino a unas pocas, tampoco. 

Por todo esto y muchos más motivos, soy abolicionista. Porque quiero que el nosotras siempre esté por encima del yo.

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