Carta a Cristina Pedroche

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Cristina, carta cristina pedroche

Hace unos días vi la promo de las campanadas. Decías que tenías miedo a quedarte sola en una Puerta del Sol vacía, te levantabas de la cama desnuda cubriéndote con un edredón y todo era como si estuvieras en una pesadilla. Imagino que el miedo a quedarte sola se traduce en no tener audiencia, pero sigo sin entender qué mujer duerme desnuda en pleno invierno. Vestido y transparencias a parte, y aunque este año el tema esté en un segundo plano, es obvio que no estarás sola. Este ritual misógino sigue funcionando muy bien al patriarcado, así que si ese es tu mayor miedo, puedes estar tranquila. A mí lo que me da terror de verdad son las consecuencias que tiene perpetuar una estampa como la que se da esa noche. carta cristina pedroche

Sinceramente, tampoco es justo que las feministas te señalemos ni te culpabilicemos únicamente a ti. Todas las mujeres que aparecen presentando las campanadas llevan vestidos que distan mucho del atuendo de sus compañeros. Seguro que alguna vez habrás pensado en el frío que debía pasar la pobre Anne Igartiburu. Yo también y nunca me había escandalizado por ello, eh. Desde muy pequeña me quedó claro que “para lucir, hay que sufrir”. Por entonces no tenía ni idea de la posición que ocupábamos las mujeres en el mundo, aunque supongo que esa imagen me hacía entender muchas cosas.

Ellos solo necesitan un traje para llegar a donde quieran. Un traje negro, soso, cómodo, que abrigue y un buen calzado para correr si fuera necesario. Esto sería la metáfora perfecta de la situación laboral en general. Quizá el tema de las campanadas es una representación brutal del punto en el que aún nos encontramos en todos los sentidos. A nosotras se nos exige ir bien vestidas, maquilladas, depiladas, sin arrugas, con tacones y además ser aptas, inteligentes, graciosas, originales y sonreír. Por eso, Cristina, aunque parece que partimos desde la igualdad, la carrera no la ganaríamos.

“Lo que es genérico puede remplazarse” así habla Naomi Wolf en El Mito de la Belleza. Ella asegura que para acceder a presentar un informativo a las mujeres se les exige belleza y juventud, y que con una buena capa de maquillaje se puede tener un prototipo de mujer para clonarla. Es decir, mientras seamos jóvenes y bellas podremos ser visibles y capaces, pero nunca seremos únicas. Es importante generarnos inseguridad para que nunca creamos que valemos por nuestras aptitudes. Esa inseguridad hace que puedan reemplazarte cuando ya no cumplas con ninguna de las dos premisas, mientras el arrugado y canoso presentador seguirá en plató. carta cristina pedroche

Y quizá digas: ¿qué puedo hacer yo? Es muy difícil salir de un sistema que te premia mientras seas rentable en términos económicos y del cual me parece bien que te beneficies. Quizá yo también lo haría. Eso sí, ya que hemos llegado ahí, cambiemos el rumbo y no lo asentemos con un molde de yeso. Debemos ser sujetos imprescindibles para dejar de ser objetos reemplazables.

He de reconocerte algo y es que, ante las críticas por tus transparencias, nos dieras dos tazas. Así, tal cual lo dijiste. Yo soy muy de dar dos tazas cuando alguien critica algo con lo que no estoy de acuerdo. Es una manera de no callarme, amedrentarme y someterme. Quizá si al año siguiente hubieras ido con cuello alto, hubiéramos perdido una batalla. No lo sé. Lo que sí sé es que no había ninguna intención feminista en tus elecciones, aunque puede ser que nos hicieran más bien que mal.

Valoro a esas mujeres que usan su cuerpo, muchas veces censurado, como arma para acabar con la violencia machista y los estereotipos. Pero para ello hay que tomar conciencia. Sin ir más lejos, recuerdo a la cantante chilena Mon Laferte mostrando su pecho en el que había escrito: “En Chile torturan, violan y matan”. Las tetas de las mujeres incomodan y sino que se lo digan a Instagram.

Lo que a Instagram ni a la tele le incomoda es que nos hipersexualicemos libremente con la capa sutil y delgada de la libre elección. Otra vez, caímos. Cuando dices que te pones lo que te da la gana y que esperas que las niñas te vean y piensen que ellas también pueden hacerlo. Caímos todas. Creer que estamos empoderadas por la cantidad de tela que llevamos es perpetuar la idea de que lo único que nos importa es nuestro físico. Caímos. Buscamos incansablemente la aprobación y una belleza que nos acerque a la posición de poder que ellos tienen, pero que a nosotras nos cuesta tiempo, dinero y dolor. Otra vez, caímos. Y una vez hemos llegado y somos todo aquello que el patriarcado quiere de nosotras, nos dicen que lo que tenemos es por nuestro físico y no por nuestra valía. Te suena, ¿no?

Admiro tu carisma, inteligencia y sentido del humor, y también admiro que hayas aguantado el tirón como lo has hecho. No debe ser fácil soportar tanta violencia con una sonrisa. Desgraciadamente, la realidad es que después de ti, Cristina, habrá otra en esa misma situación. No creas que la jugada te ha salido bien, seguimos jodidas. Por eso, el triunfo no es estar acompañada y colarte en las casas de toda España, el triunfo sería dar “la” campanada. Sí, esa que resonara para siempre y acabáramos con esta pesadilla.

Un abrazo y mucha suerte.

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